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Una de las características fundamentales
de la filosofía contemporánea, por una parte, es de presentarse
con un marcado antropocentrismo y, otro lado, con una fuerte crítica
a las filosofías idealistas y racionalistas que imperaron en Europa
a partir del siglo XVII. En lo referente a las críticas a
la razón, se ha puesto de manifiesto la necesidad de superarla,
deaplazarla, etc., colocando en su lugar una nueva forma de pensar.
En este intento han participado filósofos de distintas corrientes
e ideas que, con sus grandes distancias y diferencias entre sí,
coinciden en un punto en común: platear en medio de la realidad
hombre y mundo, un nuevo tipo de razón o pensamiento. Nietzsche,
Bergson, Scheler, Dilthey, Ortega, Heidegger, James, Habermas, etc., han
seguido este camino. Filosofías tales como el pragmatismo,
instrumentalismo, realismo, historicismo, culturismo, vitalismo, existencialismo,
etc., presentan posturas disconformes con sus antecesores del siglo XVIII
y XIX. El "buen sentido", "La razón histórica",
la "razón vital", "el pensar poético",
son algunas de las formulaciones propuestas para sustituir a la vieja
razón y, de esta forma, entregarnos una nueva cosmovisión
del mundo, comprender mejor la vida, tener una "apertura" a
la realidad y alcanzar una nueva "comprensión" del ser.
Ante este panorama de ideas de nuestro tiempo y
en el nivel histórico en el cual nos encontramos viviendo, es necesario
plantearse el siguiente interrogante: ¿La razón ha sido
superada? Es posible que a pesar de todos los cambios propuestos por uno
u otro sistema, la razón haya surgido nuevamente victoriosa y que
todas las mencionadas intenciones de inagurar un nuevo tiempo con una
razón diferente y distinta en su forma y operatividad han sido
sólo ensayos y reinterpretaciones de la misma y vieja razón.
De antiguo, se le ha dado el nombre de "razón"
a aquella facultad que posee el hombre y que le hace distinto del resto
de los animales. Esta facultad consiste en una capacidad de lograr
conocimiento de lo universal y necesario y tener acceso al elevado mundo
de las "ideas", como esencias o valores. Esto se expresa
en aquella definición de abolengo griego. "El hombre
es un animal racional", un "animal poseedor de razón
o logos", el "ser racional es el hombre".
A partir del siglo XVII al XVIII, el pensamiento
racionalista dominaba todas las instancias del mundo europeo, teorías
físicas, políticas, económicas y sociales estaban
dominadas por el imperio de la razón, prestándose como la
única capacidad para comprender y conocer todas las instancias
humanas y de la naturaleza, en oposición a las corrientes empiristas.
Pero este fenómeno no se repite desde los inicios de la presente
centuria, ya que las críticas más fuertes de las llamadas
filosofías vitalistas y existencialistas -por citar algunas- están
dirigidas a la máquinaria de relojería de la razón
físico-matemática a la cual le niegan el derecho de intentar
conocer la vida o la existencia humana mediante sus "ideas puras"
y sus inoperantes categorías cuya rigidez no puede dar cuenta de
la vida humana, que es puro cambio y mudanza, ni del peregrinaje del ser.
Baste citar libros como Melanges de Bergson, El tema de nuestro
tiempo e Historiacomo sistema de Ortega. Aún cuando
en sistemas como el de Ortega, por ejemplo, se insiste en salvar la razón.
Se trataría de reconciliar a la vida con la razón fundándose
la razón vital, sin caer en irracionalismos vitalistas.
Pero nuestro análisis no pretende en esta
oportunidad plantear el problema de la estructura, forma o estilo de esta
nueva razón, sino que la intención es poner de manifiesto
que en todos estos juegos filosóficos se ha evidenciado una
realidad que durante siglos se había mantenido guardada o en segundo
plano en el pensamiento y cada vez que hacía su aparición
no se le otorgaba la importancia que debía tener. Esta realidad
de nuestro pensar y que, de una otra forma, ha quedado liberada en esta
batalla contra el racionalismo es: la imaginación.
En la filosofía moderna se ha reconocido
a la imaginación como una facultad o actividad mental, diferente
de la representación y de la memoria pero relacionada con ambas.
En Bacon, la imaginación es una facultad que se encuentra en la
base da la poesía. En la filosofía cartesiana,
la imaginación es aquella que es capaz de producir imágenes
concientes a diferencia de la sensación, estas imágenes
no requieren ir acompañadas de la conciencia. La imaginación
es una representación, una nueva presentación de imágenes.
Con esta presentación se facilitan diversas formas de ordenación
de las realidades "presentadas"; sin estas representaciones
que constituyen la imaginación, no sería posible el conocimiento.
En general, en la modernidad se ha considerado a la imaginación
como una "facultad".
Es necesario señalar que, si bien la imaginación
en la modernidad ha tenido el rango de la facultad, no siempre los planteamientos
surgidos en la imaginación y su posterior desarrollo, han tenido
la debida aceptación por parte de la juricidad de la razón.
Baste citar tres nombres que, en cada una de sus respectivas épocas,
no fueron admitidos como "creíbles" sus planteamientos
imaginativos: Bacon, Leonardo de Vinci y Julio Verne. De antaño,
todo lo que fuera excesiva imaginación, fantasía o ensueño,
fueron considerados como forma del pensar que no tenía aceptación
o cabida dentro de la topología estricta y rigurosa del pensamiento
racionalista. Estas manifestaciones imaginativas del pensar
tenían el rango de irracionalidad, sueños inverosímiles,
se les aceptaba como poesía o, en el peor de los casos, como el
lenguaje de la locura. El naufragio del soñador se producía
cuando era derribado por el impulso de la razón victoriosa desapareciendo
toda creación exuberante. De este modo uno por uno eran desplazados
los deliciosos ensueños y las grotescas criaturas producto del
sueño, antiguo emperador de los mitos que ahora era desplazado
de su trono por las categorías y principios que rigen el pensar
formalizado. Se requería, antes que nada, tener un fundamento
claro, equilibrado, justo y armonioso, acordes con las ideas puras de
la razón. Cuando la razón estaba contra el hombre,
peor para el hombre o, como decía Hegel, "... cuando la idea
no coincide con la realidad, peor para la realidad".
La razón castigaba duramente las pasiones
y los excesos de la imaginación. Por ejemplo, los cuervos
que suelen ilustrar los dibujos de la época negra de Goya, representan
simbólicamente los sueños, instintos y pasiones del hombre
que son duramente castigadas por el látigo de la razón,
de allí el título de sus conocidos dibujos: "Divina
razón no dejes ninguno". Esto no quería decir,
en modo alguno, que se negara la existencia de esta realidad generadora
de cosas bellas o, a veces, monstruosas, sino que los sueños, imaginaciones
inverosímiles o realidades disparatadas, debían mantenerse
a raya, fuera de todo límite racional.
Pero a pesar, de estas eventualidades, algunos
pensadores se han atrevido a poner los sentimientos o el corazón
sobre la razón; Para Rosseau, por encima de la lógica está
el sentimiento. Pascal señalaba otro tanto: "el corazón
tiene sus razones que la razón no puede comprender".
Santayana, sin embargo, ve el problema de otra manera, "La razón
no es enigma de los instintos, sino su afortunado unísono; es la
naturaleza que se hace consciente en nosotros, iluminando su propio camino
y la meta a donde se dirige". Es la feliz unión de dos
elementos -impulso e ideación- que si estuvieran completamente
separados convertirían al hombre en un bruto o en un maniático.
El animal racional es generado por la unión de estos dos monstruos.
Está constituido por ideas que han dejado de ser visionarias y
por acciones que han dejado de ser vanas. La razón es "la
imitación por el hombre de la Divinidad". La vida de
la razón se fundamenta en la conciencia, porque "la conciencia
contiene todo el conocimiento fidedigno". Para Santayana, la
razón es precaria y la ciencia falible, pero, a pesar de este hecho,
la ciencia constituye nuestra única seguridad; la fe en la inteligencia
es la única fe sancionante por sus frutos, haciendo caso, de algún
modo, a la vieja sentencia socrática de que "una vida sin
razonamiento es indigna del hombre".
La razón atenta, la razón despierta
no permite desbordes, sueños, o imaginaciones inverosímiles,
es "La razón castigando las pasiones de los hombres",
como se aprecia en aquel grabado en cobre del siglo XVI europeo.
Pero, cuando la razón no está atenta, se encuentra soñolienta
o se duerme, aflora la imaginación, como está representado
en el cuadro del español Pereda, "El sueño del caballero".
O bien surge el sueño imposible y monstruoso: "El sueño
de la razón produce monstruos", según el famoso dibujo
de Goya el año 1797.
Estos temas motivaron profundamente la corriente
psicoanalítica de Freud y Jung y las modernas psicologías
de la interpretación de los sueños. Incluso se ha
llegado a hablar de "un pensamiento onírico", que es
el que queda liberado de la condición fundamental que regía
el pensamiento vigil, a causa de que hemos perdido la conciencia de la
naturaleza e imperativos del mundo exterior, el cual ya no percibimos.
Una vez que han desaparecido aquellos factores que servían de motor
y control, los factores pulsionales y afectivos ocupan su lugar.
El pensamiento onírico obedece a otras leyes que no son las racionales.
Al desaparecer las categorías que rigen el pensamiento vigil, el
pensamiento onírico sin fronteras, libre, desocializado.
Sus representaciones están cargadas de valor afectivo y se manifiestan
en forma simbólica. Las imágenes y símbolos
de los sueños, difícilmente pueden expresarse en lenguaje
lógico, ya que el pensamiento vigil no acepta el absurdo relato
de los sueños. Nuestro pensamiento vigil se encarga de reestructurar,
según la lógica a la que está sometida, el contenido
de los sueños, por lo tanto, utiliza categorías extrañas
al pensamiento onírico. Freud, en su obra Lainterpretación
de los sueños, llama a este fenómeno "elaboración
secundaria" en donde el YO del soñador, en la medida que se
aproxima al pesamiento vigil, va introduciendo en sus producciones oníricas
un orden lógico y una interpretación tendenciosa.
De antaño, las imágenes de los sueños
representaban realidades extrañas, misteriosas y profundas.
La producción simbólica que se gestaba en el mundo onírico
daba origen a un espacio fundamental para la creación de una imaginería
y un tejido fantasioso que, en algunas ocasiones, pasaba a constituirse
en realidades perfectamente aplicables a la naturaleza, transformándose,
de este modo, en una nueva medida o categoría de la realidad.
Por otra parte, determinaban un conjunto de acciones, presentes y futuras,
como premoniciones y profecías, fundamento principal del surgimiento
de toda una mitología regidora de los destinos humanos. Las
interpretaciones oníricas de los Caldeos y Egipcios (es el caso
del relato bíblico del sueño del Faraón, interpretado
por José), son muestras culturales en donde el simbolismo onírico
se asocia a un valor profético fundamental y determinante para
la sociedad. Estas formas de pensamiento, han encontrado su expresión
artística en obras literarias, como el caso de Artemidoro quien,
en su La Chef des Songes, emplea una forma narrativa que se conduce
por los intrincados laberintos de los sueños. En todas estas
manifestaciones artísticas e historias oníricas, se ha podido
establecer, en cierta medida, una clasificación de símbolos
que se encuentran en una cultura específica, aunque difícilmente
se les puede otorgar un grado determinante universal. Lo que se
ha podido establecer, es que en cada individuo existe un particular repertorio
de símbolos, con su respectiva y singular significación.
Esta realidad, la ha puesto de manifiesto la teoría psicoanalítica
la que, a partir del material onírico con el que se cuenta y utilizando
la asociación libre, puede descubrir el contenido latente de los
mismos. El contenido de los sueños y sus respectivos símbolos,
provienen del paso y transformación en imágenes visuales
o auditivas que nuestra memoria toma de los elementos de la realidad y
que llegan mediante las percepciones captadas durante el día o
en el transcurso del mismo sueño, para luego aparecer simbólicamente
durante los sueños y organizadas de acuerdo a leyes distintas y
contrarias a las del pensamiento vigil. Esta organización
no es azarosa, corresponde a la realidad y capacidad imaginativa de cada
individuo. Existe una íntima relación entre la personalidad
del individuo y la dinámica de sus sueños, por este motivo,
lleva razón Nietzsche cuando afirma: "Queréis ser responsable
de todo, excepto de vuestros sueños. ¡Qué penosa
debilidad, qué falta de valor!. Nada es más propiamente
vuestro que vuestros sueños".
Sueños, imaginación, creación,
son hechos inherentes al pensamiento individual y los cuales el hombre
debe asumir y centrar su ateción para luego universalizarlos. Recordemos
que todo lo que el hombre ha hecho y deshecho, creado y recreado es producto
de su imaginación, de sus sueños muchas veces inverosímiles
y descabellados. Incluso, su propia vida es producto de su imaginación.
Con su capacidad imaginativa ha podido alejarse de la naturaleza al construirse
su propio mundo en el cual ha existido espiritual e históricamente.
El hombre es el poeta que habita en el mundo, "su" propio mundo.
Este mundo, un día estuvo hecho del material de sus sueños
gestados en la intimidad de su pensamiento en donde se retira para meditar.
Con su capacidad de fantasear desarrolló un poder creador para
forjar nuevas realidades que luego plasmó, directa o indirectamente,
en la naturaleza otorgándole de esta menera múltiples e
infinitas significaciones.
Pero su poder creativo no tan sólo se ha
volcado hacia la realización del mundo exterior, en la naturaleza,
sino que también se ha dirigido a su propia intimidad, dando
origen a una trama interior, gobernada y regida por leyes, categorías
y principios que han regido su pensamiento, conducta y personalidad.
El ser humano piensa y su pensar se rige por leyes que la imaginación
ha puesto y supuesto. De esta manera, la topología del pensamiento
es también producto de la extraordinaria fuerza creadora de la
imaginación. El hombre esencialmente es un poeta, creador
de novelas, forjador de mundos, artífice de leyendas, gestador
de mitos.
"El sueño de la razón produce
monstruos"... pero, además, permite que la imaginación
quede libre de la compleja maquinaria categorial racionalista. La
imaginación, en perfecta armonía con el pensamiento nos
abre un mundo de infinitas posibilidades, opuesto a la cotidianidad y
precisión de la razón ... ¡Es posible un pensar superior
de la imaginación! El sueño de la razón se produce
por agotamiento, por incesante repetición de lo mismo, por ...
aburrimiento.
En nuestro pensamiento se ha ido incubando
sueños de diversa naturaleza, imaginería surgida en torno
a los diversos temas, asumamos nuestros propios sueños. La
naturaleza de nuestra invención proviene de dicha incubación
y surge en nuestra conciencia en forma de intuición, lo que la
moderna psicología llama insight. Esta situación
es producto de una actitud creadora del pensamiento cuando, muchas veces,
"se busca la solución" a tal o cual problema. Los
ejemplos son múltiples: Descartes descubrió los axiomas
de geometría siguiendo este camino y a Kekulé, se le reveló
en sueños el hexágono bencénico. Esto viene
a subrayar el papel de la imaginación en el proceso creativo en
un pensamiento desligado de la "realidad". En este sentido,
el polo imaginativo prima sobre el polo realista del pensamiento.
Cuando la conciencia se encuentra desligada de sus formas y principios
rígidos y realistas es el momento oportuno para la "claridad"
de la creación. En el mundo artístico encontramos
en una multiplicidad de ejemplos, es oportuno citar el caso de Wagner
quien compuso el Preludio del Oro del Rin en un estado hipnagógico.
Una vez que el polo imaginativo de nuestro pensamiento
ha creado un nueva estructura o un nuevo mundo de posibilidades, es necesario,
en el caso de las ciencias, su posterior verificación, es
decir, proceder a constatar en la relidad su probable aplicación.
En el caso del pensamiento artístico, no es susceptible esta verificación,
dada la compleja trama del nuevo mundo artístico. Por este
motivo, se desatiende y se descuida esta constatación en la realidad,
ya que el propósito de esta manifestación del pensamiento
imaginativo es otro al de buscar soluciones concretas como acontece con
el pensar científico. En el mundo de las ciencias se conjugan
dos actitudes a saber: una hipercrítica y otra creadora.
En el logro de las ciencias, la imaginería depende de un cierto
equilibrio y armonía entre ambas actitudes. El científico
que quiere progresar y desarrollar su ciencia debe, en cierta medida,
abandonar su ciencia.
El mundo de la imaginación nos presenta
un repertorio de infinitas posibilidades en la gestación de nuevos
mundos, externos e internos. Si el hombre quiere lograr un nivel
superior de su pensamiento, de su capacidad racional, debe seguir el camino
de la imaginación; de esta manera, puede tener acceso a la brecha
abierta a un mundo nuevo, a otra dimensión del pensar. Pero
este problema específico dependerá de una actitud distinta
ante las capacidades de nuestro pensamiento. El filósofo
que ha seguido el camino estricto y riguroso del racionlismo, debe olvidar
su saber (aunque sea temporalmente) y romper con sus antiguos hábitos
de investigación filosófica. De esta manera se podrán
comprender los problemas planteados en la imaginación y el pensar
poético. Debemos preparar el ámbito adecuado para
que surja en este pensar la llama del ser imaginativo. Es preciso
y necesario fundar una filosofía de la imaginación, en entendiendo
a ésta, como el estudio del fenómeno de la imagen, de su
génesis y de todas sus consecuencias conceptuales e idiomáticas.
Debemos ser poetas en el ámbito que nos ha correspondido desarrollar
y ejecutar nuestro pensamiento y acción espiritual. No desechemos
nuestros propios sueños, asumamos nuestra loca fantasía,
consideremos como un descubrimiento importante aquella llamarada, tal
o cual imagen, esa idea que, de pronto, casi sin saberlo, surge en la
conciencia y que es producto de nuestros sentimientos, de nuestra alma
y de nuestro ser.
BIBLIOGAFÍA
- Bachelard, Gastón
La poética del espacio
Ed. Fondo de Cultura Económica,
México, 1975.
- Durant, Will
Historia de la Filosofía
Ed. Joaquín Gil, Buenos Aires,
1957.
- Delay, J. y Pichot, P.
Abrége de Psychologie
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- Ferreter Mora, José
La filosofía actual
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- Freud, Sigmund
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En Obras Completas, Vol. II, Biblioteca
Nueva, Madrid, 1972.
- González Colville, Marcelo
La vida humana de José Ortega y Gasset Universidad
de Navarra, Pamplona, España, 1985.
(*) Profesor
de Estado en Filosofía, Universidad de Chile. Doctor en Filosofía
y Letras, Universidad de Navarra, España.
Miembro de la Sociedad Chilena de
Filosofía. Profesor de Filosofía en la Universidad de Talca.
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